Papel Moneda
lunes 17 de diciembre de 2007
© Sergio Plou
Artículos 2007

    Según Solbes, el abuelete que lleva las cuentas, lo que nos pasa - económicamente hablando - es que no hemos interiorizado el poder que tiene el euro. Y va a ser verdad. Lo primero que pensé yo a principios del milenio es que diez euros iban a ser mil pesetas, así que cinco serían quinientas y un eurete las cien. Empezaba, lo reconozco, en un nivel muy optimista. La realidad colocó al euro en las doscientas nada más empezar el año, porque según Solbes me equivoqué. Tendría que haber maniobrado como si cincuenta pesetas fueran un euro, doscientascincuen el billete de cinco y quinien el de diez. Sólo así cabría jugar con el de veinte euros algún día como si fuesen mil pelas y el de cincuenta como dos mil. Para mí los billetes de cien y de doscientos son como el Bin Laden - un auténtico canelo - , así que no hice las cuentas. Seguramente Solbes me quitaría ya unos cuantos puntos de entrada porque a juicio del abuelete los contribuyentes tenemos la fuerza de cambiar el mundo, pero nos rajamos a la primera de cambio. Tiene razón pero hay gente muy tozuda. A mí no se me ocurre ponerme a regatear con la cajera los precios del súper, ¿a él sí? Comprendo que nos está alertando sobre la necesidad de cambiar nuestros hábitos de consumo. Lo coherente sería volver al zoco, al mercadillo, para tener alguna posibilidad, pero no estaría de más que se moje el culo y diga abiertamente que las grandes superficies son nuestra ruina. Y que lo diga antes, no a toro pasado. Es muy fácil venir ahora con el anglicismo de la interiorización. No es culpa de la gente hacerse un lío con las perras, cambiar de moneda es un engorro y aunque el euro sea muy poderoso no está entre nuestros poderes subir o bajar el IPC, la inflación o la caja de leche. Bueno, el tetrabrick de la semidesnatada se puede cambiar del armario a la encimera y de ahí al frigorífico pero no más, y dudo que semejantes movimientos alteren la macro-economía. Según Solbes seré un caso perdido, un tonto que deja de propina medio café a la hora de pagar el cortado. Mira que nos lo estuvieron repitiendo durante meses, ¡ojo con el redondeo! Ni por esas. La clásica víctima del redondeo, la que pensaba que por una peseta le darían un euro, jamás se recuperó del susto . El resto todavía estamos pagando el romanticismo monetario de Europa. Los economistas de ahora son como los videntes de antaño, hacen sus predicciones de futuro y sus análisis de pasado. Y Solbes, como buen profesional, viene a echarnos la bronca porque nos advirtió del peligro que corríamos con el mítico redondeo. No le hicimos caso y pide que no le vengamos ahora con lamentos. Simpático el abuelete, pero si sabía de nuestras torpezas debió agitar la coctelera de los remedios y hacernos beber la pócima de la solución. O vender la vacuna. Nuestros sabios economistas deberían entender que vivimos un déficit histórico en muchas materias. El asociacionismo en este país goza de mala prensa. Basta con echar un vistazo a las comunidades de vecinos para observar las dificultades que hay. Nos cuesta vernos a la francesa,. O sea, como ciudadanos, consumidores y contrubuyentes. Para protestar han de tocarnos mucho las narices en un establecimiento y para pedirles también el libro de reclamaciones el pitorreo ha de alcanzar el rango popular de meársete en la oreja. Ya es complicado que no te las den con queso como para venirse arriba después en la lucha contra la subida de los precios. Porque a lo máximo que aspira el personal es a llenar el álbum de puntos y conseguir que le regalen en el súper una sartén de medio pelo. O una fiambrera.

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